Domingo 24 de mayo

Las respuestas que Dios da

… el Espíritu Santo […] os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho (v. 26).


La escritura de hoy: Juan 14:17-26 Elisa Morgan  escribe:

«¿Cómo se llama mi mamá biológica?». La sincera pregunta de mi hija de siete años me atravesó el corazón. Su adopción había sido privada, y solo nos habían proporcionado la información más básica sobre sus padres: estatura, peso, edad, color de cabello y ojos. ¿Cómo responder? ¡La pregunta parecía imposible! Respiré hondo y oré: «Dios, ¿qué digo?». Una frase me brotó de la boca: «¿Cómo te gustaría que se llamara?». Ella sonrió y exclamó: «¡Madeline!». «Entonces, ¡es Madeline!», declaré. Creo que Dios me dio una respuesta cuando yo no la tenía.

En los años siguientes a su muerte, los seguidores de Jesús enfrentaron grandes desafíos en los cuales necesitaron respuestas divinas en situaciones aparentemente imposibles. En Juan 14, Jesús prometió que no los dejaría solos, sino que vendría a ayudarlos (v. 18). Además, Dios proveería una ayuda constante: «el Consolador, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho» (v. 26).

A veces, las preguntas que enfrentamos parecen imposibles de responder. Necesitamos la ayuda de Dios y sus respuestas en la crianza de nuestros hijos, en el trabajo, con nuestros vecinos y en el mundo. Cuando no tenemos las respuestas, Él puede darlas.

Reflexiona y ora

¿En qué áreas de tu vida necesitas que Dios te ayude hoy? ¿Qué preguntas tienes que solo Él puede responderte?

Padre, gracias por el Espíritu Santo que me guía en todo momento.

Lunes 25 de mayo

Encontrar descanso

Yo me acosté y dormí, y desperté, porque el Señor me sustentaba (Salmo 3:5).


La escritura de hoy: 2 Samuel 15:23-27, 29-31 Karen Pimpo  escribe:

La «siesta táctica» es una serie de pautas para que los soldados logren dormir provechosamente entre diez y treinta minutos. Cuando experimentan una oleada de soledad o ansiedad, los soldados pueden ser incapaces de relajarse. Los consejos incluyen usar tapones para los oídos y leer antes de dormir. Es cuando más necesitamos descanso que resulta más difícil encontrarlo.

El rey David lo experimentó al huir al desierto para escapar de su hijo Absalón. David y sus seguidores lloraron en voz alta por la traición, con las cabezas cubiertas en señal de duelo (2 Samuel 15:30-31). Entonces, David clamó: «¡Oh Señor, cuánto se han multiplicado mis adversarios!» (Salmo 3:1). Sin embargo, quizá recordando noches difíciles pasadas, continuó: «Yo me acosté y dormí, y desperté, porque el Señor me sustentaba. No temeré» (vv. 5-6). Comprendió que Dios, no Absalón, tenía el control de su situación. Incluso envió el arca del pacto de regreso a Jerusalén, reconociendo que el futuro estaba plenamente en manos de Dios (2 Samuel 15:25-26).

El sueño se vuelve especialmente esquivo cuando enfrentamos adversidades durante el día, pero esto es bueno para recordar cuántas cosas están fuera de nuestro control. Pero Dios nos sostiene, y confiar en Él puede ayudarnos a acostarnos y dormir en paz.

Reflexiona y ora

¿Qué te impide descansar de verdad? ¿Cómo puedes rendirte para que Dios te dé paz?

Dios, gracias por estar alerta siempre.

Martes 26 de mayo

Actuar con integridad

Al Señor le repugnan los labios mentirosos; pero le agradan los que dicen la verdad (v. 22 rvc).


La escritura de hoy: Proverbios 12:13-23 Marvin Williams  escribe:

Sin darse cuenta, Sara dejó caer su anillo de compromiso de diamantes en el vaso de un mendigo. Billy Ray, el que lo recibió, lo hizo tasar y consideró venderlo, pero decidió ser honesto y se lo devolvió cuando ella volvió unos días después. Sara y su esposo crearon un fondo para donaciones para ayudar a Ray, lo que generó en otros una oleada de generosidad. Ray recibió asesoramiento financiero y finalmente pudo comprar una casa. También se reencontró con su familia, a la que no veía desde hacía mucho.

Cuando actuamos con integridad, agradamos a Dios e inspiramos a otros. Salomón dice que Dios se deleita en ella: «Al Señor le repugnan los labios mentirosos; pero le agradan los que dicen la verdad» (Proverbios 12:22 rvc). Usa un lenguaje fuerte: Dios detesta la deshonestidad. Cuando sus hijos mienten o «engaño hay en [su] corazón» (v. 20), eso lo desafía y contradice su carácter, pero cuando tienen labios veraces (v. 19) y obran con fidelidad, eso lo alegra. Así que, tratar bien a los demás es más que decir la verdad, es reflejar el carácter de Dios. En un mundo donde el engaño puede parecer rentable, nuestra integridad es algo que genera «su contentamiento» (v. 22).

Comprometámonos a ser íntegros. Aunque el mundo no lo note, Dios se alegra cuando andamos en sus caminos.

Reflexiona y ora

¿De qué manera ser confiable refleja el carácter de Dios? ¿Cómo actuarás con integridad hoy?

Dios, ayúdame a ser íntegro.

Miércoles 27 de mayo

Gozo en Jesús

… me gozaré aún (v. 18).


La escritura de hoy: Filipenses 1:18-21 Leslie Koh  escribe:

El tratamiento contra el cáncer de Nancy le provocó tantas úlceras en la boca y la garganta que ni siquiera podía tragar un trozo de pan. Durante muchos días dolorosos, tuvo que depender de la leche para llenar su estómago. Lo único que le sacaba una sonrisa era el gozo de conocer a Jesús… y sus nietos. Estar con ellos cada semana la ayudaba a no enfocarse en su situación. «Si no fuera por los niños, habría renunciado», dijo.

El apóstol Pablo también encontró gozo en Jesús y en los demás a pesar de sus dificultades. Su alegría provenía de Jesús y de vivir para Él. A pesar de estar encarcelado (Filipenses 1:13), encontró fuerzas para alentar a otros. Habló del gozo que produce compartir la buena noticia de Jesús y de saber lo que le esperaba tras la muerte (vv. 3-5, 18, 20). Esa confianza le permitió decir: «para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (v. 21).

Pablo podía regocijarse porque Jesús era su vida. Su satisfacción y seguridad no venían de posesiones ni de circunstancias, sino de saber que pertenecía a Cristo. Por eso, escribiendo en medio de las peores condiciones, pudo decir: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (4:4).

Que podamos encontrar gozo en Jesús, quien nos ama, nos cuida y nos fortalece para regocijarnos en cualquier circunstancia.

Reflexiona y ora

¿Qué desafío estás enfrentando hoy? ¿Qué diferencia produce saber que Jesús está siempre contigo?

Jesús, que no quite mis ojos de ti.

Jueves 28 de mayo

Fui yo

«S i ellos confiesan su iniquidad […] yo me acordaré de mi pacto con Jacob…» (vv. 40-42).


La escritura de hoy: Levítico 26:40-45 Tim Gustafson  escribe:

En una antigua comedia de cine, un programador torpe pero brillante es elegido para la primera misión tripulada a Marte. Tras cometer errores tontos constantemente, acostumbra a exclamar: «¡Yo no fui!». Cuando aterrizan en Marte, el programador resbala de la escalera y cae sobre la superficie del planeta, justo antes de que su compañero ponga el pie en ella. Las primeras palabras pronunciadas en Marte son: «¡Yo no fui!».

Es una historia absurda, pero esa frase resulta inquietantemente realista. Siempre que hay alguna culpa que repartir, nuestra respuesta puede sonar muy parecida: «¡Yo no fui!».

Dios desea que obedezcamos, pero sabe que tendemos a desobedecerle. En Levítico 26:1-13, presentó su plan para Israel. Si obedecían sus mandamientos, dijo: «me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré» (v. 9). Pero la desobediencia habitual traería maldiciones y aflicciones, diseñadas para que se arrepintieran. Entonces, agregó que si Israel confesaba «su iniquidad, y la iniquidad de sus padres» (v. 40), Él recordaría su pacto con ellos.

La clave para restaurar nuestra relación con Dios es admitir lo que hemos hecho mal. Culpar a otros nos mantiene atrapados en el ciclo de la culpa, sin poder justificarnos.

¿Te sientes lejos de Dios? Un buen lugar para comenzar es decir: «Fui yo».

Reflexiona y ora

¿Cómo reaccionas instintivamente cuando te culpan de algo? Piensa en una ocasión en la que fuiste sincero con Dios. ¿Cómo te sentiste?

Dios, te confieso que ______.

Viernes 29 de mayo

Esperar en Dios

… Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor (v. 14).


La escritura de hoy: Salmo 27:7-14 Nancy Gavilanes  escribe:

Cuando era niña, me entusiasmaba al ver coloridos carteles especiales al costado del camino. Creía que ya habíamos llegado al parque de diversiones al que íbamos. Comenzaba alegremente a recoger mis cosas, solo para decepcionarme al ver más carteles y tener que esperar aún más antes de llegar. Finalmente, entendí que esos carteles anunciaban que los visitantes estaban cerca, pero que aún faltaban unos kilómetros.

Como un niño emocionado que se pregunta: «¿Ya llegamos?», también nosotros podemos sentir impaciencia y ansiedad por llegar a nuestro próximo destino.

Esperar a que Dios actúe en nuestras vidas puede ser difícil. David enfrentaba muchas adversidades, como menciona en el Salmo 27. Sin embargo, puso su esperanza y confianza en Dios, y esperó que respondiera. No sabía cuánto tiempo tardaría Él en actuar, pero confiaba en su ayuda: «Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes» (v. 13).

Puede que la salida tarde más de lo que quisiéramos, pero cobremos ánimo en estas palabras: «Aguarda al Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor» (v. 14). Mientras recurrimos a las Escrituras en busca de aliento, podemos descansar en la certeza de que Dios está obrando, incluso mientras esperamos.

Reflexiona y ora

¿Por qué a veces es difícil esperar la respuesta de Dios? ¿Cómo puedes mantener la esperanza mientras aguardas?

Dios, gracias por seguir obrando mientras espero.

Sábado 30 de mayo

Imitar el perdón de Dios

… sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (v. 32).


La escritura de hoy: Efesios 4:25-32 Sheridan Voysey  escribe:

Solía trabajar con una mujer llamada Madge, una cocinera maravillosa. «¡Tendrías que probar mi sopa de arvejas con jamón!», me dijo un día. Cuando respondí que no me gustaban las arvejas, sonrió y dijo: «Te gustarán después de probar mi sopa». Al día siguiente, me entregó un recipiente con su sopa, hecha especialmente para mí.

«¿Probaste mi sopa?», preguntó uno par de días después. «Lo haré… pronto», respondí, esperando que no me volviera a preguntar. Pero lo hizo; al día siguiente y al otro. «No la dejes mucho tiempo o se echará a perder», añadió al cuarto día.

Una semana después, seguía sin haberla comido. Ya se había echado a perder y la tiré. Temí cuando ella se acercó y preguntó: «Probaste mi sopa, ¿no?».

«Sí —dije—. Estaba... deliciosa».

En Efesios 4, Pablo nos llama a tratar con pecados relacionados con nuestras palabras, como la ira (v. 26), las conversaciones corruptas (v. 29) y la calumnia (v. 31). Pero antes, hace un llamado más básico: «hablad verdad cada uno con su prójimo» (v. 25). Yo había mirado a Madge y le había mentido. Sabía lo que debía hacer.

Fui a verla, confesé mi mentira y, avergonzado, le pedí perdón. Ella se acercó y me abrazó. «Por supuesto que te perdono —dijo—. ¿Cómo no hacerlo, cuando sé cuánto me ha perdonado Dios a mí?».

Reflexiona y ora

¿Cuántas palabras o acciones pecaminosas te ha perdonado Dios? En el poder del Espíritu Santo, ¿cómo puede este recordatorio ayudarte a perdonar a alguien hoy?

Dios, dame fuerza para perdonar como me perdonaste a mí.

Domingo 31 de mayo

Extender el cuidado de Dios

… Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria… (v. 3).


La escritura de hoy: 2 Reyes 5:1-3, 9-11, 13-14 Karen Huang  escribe:

Cuando era adolescente, tenía una relación tensa con Lisa, una compañera de la iglesia, así que me desanimé al saber que compartiríamos la habitación en el campamento de verano. Pero la semana transcurrió sin problemas.

El evento más esperado era la fogata el último día. Esa noche, tuve fiebre. Me acosté temprano, pero podía escuchar la música y las risas. Una hora después, Lisa me sorprendió: me estaba tomando la temperatura. «No voy a ir a la fogata —dijo—. Estás enferma. Me quedo contigo». Podría haberse despreocupado, pero decidió cuidarme, lo cual me levantó el ánimo.

En la historia de Naamán, vemos otro ejemplo de alguien que mostró interés. El comandante del ejército sirio tenía una sirvienta israelita a la que habían llevado cautiva, y ahora «servía a la mujer de Naamán» (2 Reyes 5:2). Separada de su familia y obligada a servir, la joven podría haber decidido no ayudar a su amo, enfermo de lepra. Pero su fe la movió a ayudar: «Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría» (v. 3). Y Dios, de hecho, usó al profeta Eliseo para sanar a Naamán (vv. 8-14).

Lisa y la joven israelita decidieron ayudar, y Dios obró a través de ellas. Pidamos a Dios que nos muestre a quién podemos extender su cuidado y nos dé sabiduría para hacerlo.

Reflexiona y ora

¿Por qué rechazarías la ayuda de alguien? ¿Cómo ayudar a otros puede permitirles ver que Dios se interesa por ellos?

Dios, utilízame para ayudar a otros.